Teniente coronel Antonio Tejero: “Me arrepiento de que quizás me he quedado corto en darle a Dios y a la patria todo lo que se merecen”. Entrevista en exclusiva de Javier Navascués.

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El Teniente coronel Antonio Tejero es sin duda uno de los pocos héroes vivos que quedan en pie en una España que se desmorona. Hombre de reciedumbre intachable, de una pieza, de honor, es sin duda el personaje más querido y admirado por los españoles de bien. Multitud de patriotas admiran su valentía por intentar abortar el nefasto régimen del 78, que el tiempo ha demostrado que ha sido un veneno letal para España. Una Constitución sin Dios que ha sido un coladero de inmundicia para degradar moralmente nuestra patria y gangrenar la unidad.

Antonio Tejero es una persona que no concede entrevistas. Multitud de periodistas lo intentaron chocando de bruces contra el muro de su silencio implacable. Huye como de la peste de los medios con intenciones torticeras y vive muy sereno a años luz del foco mediático. Sin embargo, providencialmente ha tenido un acto de generosidad que le honra, conceder la entrevista al Correo de Madrid, merced al sincero afecto que profesa al gerente del medio Álvaro Romero. Un servidor, Javier Navascués, tras libar con insistencia y no rendirse ante una causa perdida, recoge el fruto de la pasión puesta en el empeño.

Lo había probado en varios intentos baldíos, yermos de negativas y nunca me había rendido. Al mandar unas preguntas a su hijo Ramón, sobre la figura de su padre, este entendió que eran para el propio Antonio Tejero. ¿Por qué no? Inasequible al desaliento lo intenté una última vez, le dije a su hijo que nos conceda la entrevista para devolver el cariño que le tienen miles de españoles y a modo de legado. Se produjo el milagro y se animó a hablar. En este documento en exclusiva, que conservo su manuscrito como oro en paño, reflexiona sobre toda su vida, no sólo del momento por el que pasó a la historia, sino sobre el amor a su familia, especialmente a su mujer, a sus hijos y nietos, a sus yernos y nueras, del amor al Benemérito y glorioso Instituto de la Guardia Civil y de la felicidad que otogar arribar a las orillas de la venerable ancianidad con la conciencia tranquila.

“Habría que abolir las autonomías, que tanto daño hacen y es por donde se escapa parte del dinero de todos los españoles y el verdadero cáncer de España”.

¿A su edad contempla el pasado con paz y serenidad?

A mis 86 años tengo una visión amplia y veraz de todo el pasado de España, desde la Guerra de Liberación, donde bajo el mando del Generalísimo Franco, se venció al comunismo, liberando a Europa de su expansión. Soy un hombre sereno por naturaleza, pero es tanto el mal que se está haciendo a la religión y a España, destruyendo toda la magnífica obra que construyó el Caudillo durante 40 años, que es difícil controlar la serenidad. Además Franco lo hizo él sólo, y la victoria sobre el comunismo parece que sentó mal a todo el mundo, salvo dos excepciones. Éste mal se plasmó en la nefasta y atea constitución de 1978.

Es bonito y edificante llegar a su edad con la conciencia tranquila.

Mi conciencia particular la tengo bien tranquila, ya que he cumplido fielmente el juramento que hice a España en la Academia General Militar, aunque no obedecí a mis jefes siempre que fueron contrarios a los intereses de la Patria, como ocurrió en varias ocasiones.

Recuerdo alguna de ellas como la publicación de un artículo en la prensa pagana del Imparcial, con motivo del proyecto de la nefasta Constitución, en la que advertía del peligro de las nacionalidades, ya que se convertirían las autonomías en embriones de futuros intentos de separatismos. Cumplí el arresto correspondiente y me quedé tan tranquilo, aunque todo siguió para adelante dándole el incompetente Suárez los amplios estatutos a Cataluña y Vascongadas ¡Fue un desastre que ahora estamos sufriendo!

¿Podría contar más ejemplos?

Durante la lucha contra la ETA en Vascongadas me encontré con la exaltación de la llamada ikurriña (otra bajada de pantalones) y como yo había sido testigo de unas cuentas muertes de Guardias Civiles en su intento de destruirlas, protesté oficialmente ante el Ministro de la Gobernación, así como ante el Director General del Cuerpo preguntándoles a cuento de qué venía dar los honores a esa bandera de asesinos.

Resultado un mes de castillo y retirada del mando de Guipúzcoa, pero se lo debía a mis muertos, al Cabo Frutos Sualdea y al Guardia Vergara entre otros. Me dieron la comandancia de Málaga y allí tuve tres encuentros con sus mandos.

Otros ejemplos son el llevar a honores enterrar el cadáver de un Guardia Civil asesinado por el Grapo, cuando se me ordenó que fuera de modo clandestino y la negativa a aceptar el pésame de Carrillo, diciéndole en la prensa que era el seductor de la filosofía que ha fabricado en la calle de su asesinato y por último como homenaje a los tres asesinados en Vizcaya (Unceta y dos Guardias Civiles) impidiendo la celebración de una manifestación, ya que según le manifesté al Gobernador Civil y al Ministro, España estaba de luto por el asesinato de sus más preclaros hijos. Inmediatamente arresto de castillo y retirada del mando de la Comandancia.

Luego encabecé el asalto al Congreso de los Diputados para conseguir lo yo creía que iba a ser la solución de todos los males de la Patria.

Es bonito dedicar toda la vida a un gran ideal y ser fiel a sus principios hasta las últimas consecuencias…

Siempre fui fiel a mis ideales, que creo deben de ser los de la mayoría de los españoles, con la diferencia de que siempre me he sacrificado y he sacrificado a los míos para defenderlos con alma y vida.

¿Se sintió engañado y traicionado el 23 F?

Como he dicho anteriormente para ser fieles a los principios que tenemos grabados en el alma hay que llegar a las últimas consecuencias, incluido la pérdida de la vida y en menor escala perder el destino, el ascenso, la carrera y todo lo demás de menor importancia.

Me sentí ya dentro del Congreso más que engañado, traicionado. Fue mi compromiso con un Gobierno Militar, pensando que este ordenaría lo que había destruido Suárez que fué el principio de toda la ruina actual. Todo se concretó, en boca del genera Armada, en un gobierno de comunistas, socialistas, social demócratas, liberales etc, etc…, cosa que no acepté que fuera obra del Rey y de los Capitanes Generales, lo que permitió a Calvo Sotelo y todo su partido poder gobernar hasta las elecciones, aunque nunca nos los agradeció…

Fue una gran injusticia su prisión y muy dolorosa, pero ¿qué sacó de positivo de esa durísima experiencia?

Mi prisión no fue una injusticia una vez que nos vimos sólos. Todo se convirtió en una rebelión militar severamente castigada en el Código, aunque si que fue una actuación despreciable la del Tribunal que nos juzgó porque habiéndome condenado a 12 años, se dejó presionar por el gobierno de Felipe González y subió la pena a 30 años de reclusión. Sólo dos componentes protestaron, siempre hay caballeros.

¿Como sintió el apoyo y ánimo de muchos españoles de bien?

Constantemente me sentí apoyado, en primer lugar por Carmen, mi valiente mujer y por mis hijos y yernos y nueras, que no me abandonaron un segundo, a pesar de la lejanía de las prisiones (Cartagena, el Ferrol del Caudillo y Figueras) donde estuve 8 años, algunos de ellos sólo.

Amigos tuve montones que tampoco me abandonaron y me visitaban con frecuencia a pesar de tener que guardar a veces largas colas.

¿Fue determinante para no desmoronarse tener el consuelo de la fe?

Mi fe católica, apostólica y romana que practiqué desde mi nacimiento se vio incrementada por la influencia de mi mujer, que fue la que hizo que aumentase y siga aumentando hasta el día de hoy mi fe. Es un gran consuelo saber que Dios no nos abandona nunca y a nosotros no sólo no nos abandonó sino que nos protegió. Tengo que decir que tengo un hijo sacerdote que prueba la fuerza de nuestra catolicidad.

¿Está orgulloso de su trayectoria al servicio del glorioso cuerpo de la Benemérita?

El pertenecer al Benemérito Instituto de la Guardia Civil ha sido algo muy grande en mi vida y de hecho hoy, dentro de la podredumbre que nos rodea, ese Cuerpo sobresale gloriosamente entre todo lo demás.

Prueba del amor que le tengo a la Guardia Civil es que dos hijos, nietos y yerno pertenecen al Glorioso Cuerpo. ¡Viva la Guardia Civil!

¿Se arrepiente de algo?

Me arrepiento de que quizás me he quedado corto en darle a Dios y a la Patria todo lo que se merecen. No me arrepiento de haber encontrado en mi vida a la mujer ideal con la que me casé y me casaría mil veces, por su religiosidad y su patriotismo (nunca me obstaculizó cuando de la Patria se trataba). Su valentía, su entrega a sus hijos, dándoles una educación completa de religiosidad y amor a la Patria fue ejemplar. Tengo que destacar en ella su enorme honradez y amor al prójimo.

Y es precioso poder dejar ese legado a sus hijos.

Mi legado es que sepan que las injusticias son unas canalladas que se usan mas de lo que se debe y que deben castigarse duramente al que las hace en este tiempo de satanás. Lo que sí que es grandioso es crecerse ante ellas, aplastarlas si es posible y si no afrontarlas con entereza y luchar contra los injustos, que desgraciadamente son muchos. En resumen el legado completo es tras la Fe, un inmenso amor a España.

¿En qué emplea ahora su tiempo?

Como estuve tanto tiempo privado de familia, sobretodo de mi mujer, me dedico a ella todo cuanto puedo. Escribo poco, pero sí procuro hablar, con mi familia, de las proezas que hicieron nuestros antepasados y lo enorme que fue su labor. Hoy en día cientos de millones de personas en todo el mundo rezan y hablan en español, que es el idioma más hermoso del mundo, algo que se debe a nuestros ancestros.

¿Le preocupa la situación de España?

La caótica situación de nuestra patria es altamente preocupante y además no se ve solución para ello ni a medio ni a largo plazo. Los dirigentes actuales son y han sido capaces de aliarse con los separatistas antiespañoles con tal de conseguir sus poltronas y como es natural haciendo concesiones y promesas sediciosas, traicioneras y asquerosas. Y no se si los que esperan sustituirles tendrán las agallas suficientes para coger el toro por los cuernos, sin pensar en los votos sino solamente en España. Habría que poner a trabajar a los ineptos del Congreso, prescindir de los independentistas de Cataluña y Vascongadas, volver al idioma común de tantos millones de personas, conservando como joyas a todos los dialectos, pero sobre todo habría que abolir las autonomías, que tanto daño hacen y es por donde se escapa mucho del dinero de todos los españoles y es el verdadero cáncer de España y hay que terminar con él.

España es una nada más. Del Ejército es mejor callar. Sus mandos son ciegos, sordos y mudos. Sólo se atreven a hablar cuando pasan a la reserva y aún estando en ella los quieren tener callados. Hablan y escriben cuando están jubilados y no pueden perder ascensos. Quizá hayan intentado algo, pero rápidamente les han hecho callar y eso que la reformable Constitución los considera garantía de la Patria y de su independencia. Y hoy que la patria está pidiendo auxilios a gritos, están todos acuartelados. Es francamente penoso.

La Iglesia salvo algunos obispos, pocos, y algunos sacerdotes, todos miran los toros desde la barrera, sin tener en cuenta que el Caudillo, con su victoria, paró que fuera infinito el número de mártires. Algunos clérigos pregonan la ignominia desde sus púlpitos sobre todo los catalenes.

En fin tenemos una España que no se parece en nada a la de la poesía al 2 de mayo o al 1 de abril de 1939, pero a pesar de todo muy hermosa. ¡Viva España!

Javier Navascués Pérez

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