Las Fuerzas Armadas Españolas en cuadros, falta de efectivos y sin reserva.

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Para que un ejército profesional sea plenamente operativo tiene que contar con una reserva fácilmente movilizable, suficiente y preparada. Y esto no lo digo yo, lo dicen los expertos en defensa tras los análisis de los últimos conflictos.

Un dato, en la ofensiva del Ejército de los Estados Unidos contra el ISIS en Faluya en 2004 se produjeron un 30% de bajas (muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos), así en las pocas semanas que duró la ofensiva, hasta que la Casa Blanca ordenó parar el avance, prácticamente ¼ de los efectivos estadounidenses implicados en las operaciones militares estaban fuera de servicio y por tanto inoperativos.

Esta batalla, y otras más que se sucedieron en la guerra en Irak y Afganistán, reveló que los mandos militares estadounidenses fueron muy optimistas al determinar la capacidad de combatir en dos teatros de operaciones distintos de forma simultánea y todo ello a pesar de que EE.UU. tiene una potente reserva militar bien entrenada y equipada. Estos conflictos evidenciaron las dificultades para poder mantener el relevo de unidades para su descanso y cubrir las bajas.

Con lo que respecta a España, según el Reglamento para Reservistas aprobado por el RD 383/2011, distingue tres clases de reservistas: los obligatorios, los de especial de disponibilidad y los voluntarios.

Esto quiere decir que España, además de unas fuerzas armadas insuficientes, no tiene capacidad de afrontar un enfrentamiento bélico de cierta envergadura por carecer de personal operativo suficiente y ninguna posibilidad de reponer las bajas que se produzcan, mucho menos el relevo de gran cantidad de tropas.

Los obligatorios son los españoles de entre 19 y 25 años que pueden ser movilizados en caso de conflicto o crisis severa, algo parecido al servicio militar obligatorio en circunstancias extremas. Se trata pues de una figura que sólo existe sobre el papel.

Los reservistas de especial disponibilidad, que son aquellos militares que, habiendo alcanzado el límite de edad y tras un mínimo de 18 años de servicio, pueden mantener hasta los 65 años la disponibilidad para volver a sus antiguas unidades. Cobran por ello una media pensión mensual, a pesar de que no se ha previsto aún para ellos ningún plan de adiestramiento ni para prestación de servicio, y su número es poco más que testimonial, en algunos casos no se dispone ni de las direcciones correctas para poder ser localizados.

Y por último la Reserva Voluntaria, que son civiles que, tras obtener plaza en la correspondiente convocatoria y superar dos períodos de formación, adquieren un compromiso de disponibilidad para aportar sus conocimientos y experiencias civiles a las Fuerzas Armadas. En la actualidad son sobre 5.600, aunque cada año desciende su número por la falta de interés por ellos de las propias FAS, y sólo un 6 % es activado anualmente por falta de presupuesto. Hay que tener en cuenta que su labor no es de combate, sino de apoyo en tareas que realizan en su trabajo civil (médicos, logística, administración, etc.), y a pesar de ello son la única reserva militar activa en España.

Según algunos datos, a fecha 7 de septiembre 2016, las Fuerzas Armadas Españolas contaban con un total de 126 000 efectivos, incluyendo el personal en la situación administrativa de activo y de reserva, de ellos en servicio unos 24.000 mandos y una cifra parecida de tropa profesional, pero no todos operativos para operaciones de envergadura y de larga duración.

Esto quiere decir que España, además de unas fuerzas armadas insuficientes, no tiene capacidad de afrontar un enfrentamiento bélico de cierta envergadura por carecer de personal operativo suficiente y ninguna posibilidad de reponer las bajas que se produzcan, mucho menos el relevo de gran cantidad de tropas.

A pesar de esta realidad y la peligrosa situación de inseguridad y conflictos que vivimos actualmente, nadie parece prestar atención real a esta grave carencia. Es cierto que tanto en el Senado como en el Congreso se han llevado a cabo iniciativas, más voluntariosas que reales, de cambios en la reserva española, pero los años pasan y todo sigue igual.

Urge por tanto un ambicioso plan que dote a España de las fuerzas armadas que necesita para afrontar sus compromisos internacionales y su propia defensa, un plan que además del número de efectivos y material necesarios deberá poner en marcha una reserva que sustente este esfuerzo militar.

F. Márquez

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La Alt Right comienza a rectificar y dejar de ver al Estado de Israel como un enemigo.

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Independientemente de otros factores que intervienen en el llamado conflicto árabe-israelí, lo cierto es que en estos momentos el Estado de Israel es la única democracia homologable, en lo que entendemos por ella en Occidente, que garantiza los derechos fundamentales de las personas que viven en este país, sean israelíes o no.

Así Israel, con todos los errores y extralimitaciones que los estados puedan cometer en momentos puntuales, es un país que incluso tiene un órgano especial para garantizar los derechos de los palestinos, sus “eternos enemigos”, la Comisión para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino. Un organismo del que carecen todos los países de su entorno, no sólo para el derecho a la existencia de los judíos, sino para el de cualquier otro pueblo que no sea el árabe.

“Así es un absurdo negar a los palestinos el derecho a constituirse como una nación e intentar formar un Estado, si es que sus sangrientas luchas intestinas se lo permiten, pero de ahí a aceptar todas sus demandas, como es la desaparición del Estado de Israel y la expulsión de sus ciudadanos de Oriente Medio, propuestas que además son marcadas por fuerzas políticas palestinas de marcado carácter violento que no garantizan los más mínimos derechos de las personas, va un largo trecho.”

Por tener, Israel tiene una ley, Ley de Dignidad Humana y Libertad, cuyo propósito es el de proteger la dignidad humana, la libertad y los derechos fundamentales de las personas, incluida la libertad religiosa y de culto. Desgraciadamente, ojalá fuese al contrario, ninguno de sus vecinos árabes destacan por la protección legal de los derechos de las personas.

Es por este y otros motivos por los que Israel es el único aliado natural de Occidente en esta zona tan explosiva y actúa, aunque sea indirectamente al ejercer su legítimo derecho a existir, como barrera de contención al extremismo de la zona, que de otra forma estaría ya a las puertas de Europa.

Lamentablemente, y no sólo los extremismos, en Europa se sigue confundiendo judíos, sionistas e israelí. Así son muchos los que piensan que todos los judíos son israelíes, que todos los israelíes son judíos y que todos los judíos son sionistas. No hay nada más lejos. Hay 15 millones de judíos en el mundo, e Israel sólo tiene una población judía de 5 millones, significa que 2/3 de judíos no son israelíes ni viven en Israel.

El sionismo político y laico surge en el Siglo XIX con el objetivo de establecer un Estado en lo que se llamaba en aquel entonces Palestina. Una ideología que sólo era compartida por los nacionalistas judíos más radicales, ya que la mayoría de los judíos europeos se integraban en la sociedad del país donde residían.

Fueron las persecuciones, especialmente en Europa Central y Éste desde finales de siglo XIX, y el auge de los nacionalismos del Siglo XX, los que echaron en brazos del nacionalismo judío, el sionismo, a muchos de ellos que vieron que la única forma de dejar de ser perseguidos era crear su propio estado-nación.

Fue el Acuerdo Sykes-Picot, conocido oficialmente como el Acuerdo de Asia Menor, por parte de las potencias coloniales de la época, especialmente Francia y Gran Bretaña, con los que con su mala gestión pusieron los cimientos del actual conflicto árabe-israelí.

Así es un absurdo negar a los palestinos el derecho a constituirse como una nación e intentar formar un Estado, si es que sus sangrientas luchas intestinas se lo permiten, pero de ahí a aceptar todas sus demandas, como es la desaparición del Estado de Israel y la expulsión de sus ciudadanos de Oriente Medio, propuestas que además son marcadas por fuerzas políticas palestinas de marcado carácter violento que no garantizan los más mínimos derechos de las personas, va un largo trecho.

¿Por qué los conservadores no podemos estar contra el Estado de Israel? Queramos reconocerlo o no, Israel es hoy día el único aliado de Occidente en esta zona, el único país donde existe una verdadera democracia tal y como lo entendemos en el resto del mundo libre, y donde los derechos humanos son una realidad, y solamente por esto no podemos posicionarnos con quien quiere destruirlo, y quien sabe lo que harían con sus habitantes, y que además no ofrece garantía alguna de libertad y democracia.

Occidente, especialmente Gran Bretaña y Francia, deben tener el compromiso de desliar lo que en su tiempo liaron, creando el Estado Palestino sí, pero también garantizando el de Israel, exigiendo que el nuevo Estado Palestino sea una democracia y no un estado fallido en manos de fundamentalistas. No se puede cometer el mismo error, ni la Alt Right tampoco.

F. Márquez

 

 

 

Con el nuevo año regresa el robo de la factura eléctrica. ¿Hasta cuándo?

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El precio de la luz ha cerrado 2017 con un incremento próximo al 10% que cae como una losa sobre las finanzas de familias y empresas, lejos de suavizarse, el encarecimiento de la factura amenaza con extenderse a 2018: el mercado apunta a una subida de la luz del 2,5% en 2018 tras el fuerte incremento de este año.

Si vemos los informes de la Comisión Europea se observa claramente que España está a la cabeza de los países con la electricidad más cara de Europa, sólo por detrás de Dinamarca, Alemania, Irlanda e Italia. ¿Existe relación entre lo que pagamos y el poder adquisitivo de los ciudadanos de cada país?: No.

Mientras en Dinamarca se cobran, de media, 3.637 euros brutos al mes; en Alemania 2.576 euros, en Irlanda 2.668 euros o en Italia 1.977 euros, En España esa media cae hasta los 1.636 euros (298 euros inferior a la media de toda la Unión Europea). Y mejor no mirar los salarios mínimos interprofesionales, donde estos países como mínimo nos duplican.

Cuando recibimos la factura de luz y la revisamos resulta que para la práctica totalidad de los consumidores llega a ser bastante difícil saber qué está pagando y mucho más complicado es conocer por qué estamos pagando. Si echamos un vistazo a la última página de nuestra factura, veremos un diagrama de pastel desglosando el importe en “Coste de producción de electricidad” o “Costes del mercado de producción”, “Costes regulados” e “Impuestos”. El primero depende de nuestro consumo y el precio del mercado mayorista, pero ¿qué son esos costes regulados e impuestos que nos obligan a pagar?. Los costes regulados pueden suponer más de la mitad de lo que pagamos, y buena parte de ellos los pagamos aunque no consumamos nada, son costes sujetos a la regulación establecida por la Administración y publicados en el BOE. Esto influye en que paguemos una de las electricidades más caras de la UE ¿Dónde va ese dinero?:

Red de  transporte y distribución: El mantenimiento del tendido eléctrico, transformadores y toda la infraestructura que hace posible que la electricidad llegue hasta nuestras casas la pagamos cada uno de nosotros en nuestras facturas (aunque sean propiedad de empresas privadas).

Pérdidas en la red: En el transporte de la electricidad hay pérdidas, algunas de estas son de origen físico producidas a lo largo de la red eléctrica de transporte y distribución, pero hay otras de origen delictivo como por ejemplo los enganches o la manipulación de contadores. ¿Quién asume el coste de esas pérdidas?: cada uno de nosotros en su factura.

Financiación a los operadores: Costes propios del operador del sistema responsable de hacernos llegar la electricidad, y del operador del mercado, que organiza el pool mayorista. Con este dinero pagamos el servicio ofrecido por estos operadores.

Servicio de interrumpibilidad: En caso de que la producción nacional no fuese suficiente para cubrir la demanda Red Eléctrica puede solicitar a algunos de los grandes consumidores (gran industria) que detengan su producción para evitar que “nos salten los plomos”. A cambio, a dichas empresas se las compensa con 500 millones de euros anuales aunque dicha tesitura no ocurra, que no ocurre nunca o casi nunca. Desde 2009 no se ha dado esta situación, pero les seguimos pagando “por si acaso”. Una subvención encubierta a la industria de la que también nos hacemos cargo los ciudadanos.

Servicios de ajuste: El pool eléctrico se basa en la previsión de oferta y demanda hechas por REE el día anterior, pero dicha previsión hay que ir ajustándola en tiempo real, y eso supone unos costes adicionales al sistema. ¿Quién los paga?: nosotros en la factura de la luz.

Bono social: Los consumidores vulnerables pueden beneficiarse de un descuento, dinero que sale de la factura de todos los consumidores.

Incentivos al carbón nacional: Aparte de las motivaciones sociales y políticas, se supone que mantener minas de carbón nos da cierta autonomía energética frente al resto de energías fósiles de importación (petróleo, gas, uranio).

Déficit de tarifa: A principios de siglo, los costes de generar electricidad se incrementaron y nuestro superministro de economía decidió no trasladar dicho incremento a los consumidores, congelando el precio de la electricidad. La diferencia la quedábamos a deber a las eléctricas, y la pelota de la deuda empezó a hacerse grande. Y opaca, ya que ese déficit nunca se ha auditado debidamente.

“Los costes regulados pueden suponer más de la mitad de lo que pagamos, y buena parte de ellos los pagamos aunque no consumamos nada, son costes sujetos a la regulación establecida por la Administración y publicados en el BOE. Esto influye en que paguemos una de las electricidades más caras de la UE ¿Dónde va ese dinero?”.

Años después se procedió a titulizar dicha deuda, que es una manera de decir que ya no se la debemos a las eléctricas (que ya han cobrado) sino a un banco.

Primas a las renovables: ya han costado 85.000 millones… y costarán 115.000 millones más

Pagos por capacidad: Las centrales de ciclo combinado (gas natural) ofrecen energía a un precio caro, por lo que entran poco en la subasta. Pero se pueden encender y apagar de una manera relativamente rápida, por lo que son ideales para cubrir días de mucho consumo, poco viento,.. Por tanto, nos interesa que existan aunque se enciendan poco, y para ello se les paga un incentivo adicional al que obtienen en la subasta. Estos pagos también han estado sobredimensionados y cuestionados, ya que algunas de estas centrales se encienden diez días al año.

Margen de comercialización: Único punto que no está regulado y depende de la compañía que contratemos. Son los costes propios de la comercializadora, que es la encargada de vendernos la electricidad, facturárnosla e intentarla cobrar. Algunas obtienen el margen del precio del kWh, otras lo hacen incrementando el término fijo.

Alquiler del contador A menos que lo tengas en propiedad, pagarás cerca de un euro al mes por él.

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Y por si todo esto fuera poco… quedan los impuestos:

Tasa municipal: 1,5% a aplicar sobre los costes anteriores, salvo el peaje, para abonar al municipio donde se encuentra el punto de suministro. En la mayor parte de los casos, forma parte del propio coste total de la energía.

Impuesto eléctrico: es el resultado de la energía y de la potencia multiplicado por 0,051127 (no se aplica sobre el alquiler). Impuesto para financiar la subvención al carbón disimuladamente…

IVA: 21%: grava todos los términos (potencia y energía), alquileres y a los propios impuestos anteriores.

A pesar del escándalo que supone el recibo eléctrico para los ciudadanos, ningún partido político afronta seriamente este atraco mensual.

Así, mientras la izquierda se limita a exigir “electricidad gratuita” para los que ella llama en “riesgo de exclusión social”, acerca cada día más a la clase media trabajadora, la mayoría de este país, a la exclusión energética.

Por otro lado el centro derecha mira para otro lado, imbuido en un falso liberalismo económico que al final sólo produce monopolios, y permite campear a sus anchas por las eléctricas.

Urge por tanto restablecer la cordura y la justicia en el recibo eléctrico y que el ciudadano pague lo que consuma, algo que por otro lado sería lo lógico. Todo lo demás es injustificable.

J. Jiménez

Tabarnia saca de quicio a los separatistas y les obliga a verse ante el espejo de su estupidez.

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Desconozco el nombre del creador de ese país ficticio al que se le ha venido a llamar Tabarnia, me dicen que de alguien que forma parte de la plataforma “Barcelona is not Catalonia”, pero lo que si tengo claro es que esta persona se merece todo un reconocimiento oficial, no solamente por una idea tan ingeniosa, sino porque ha sido capaz de sacar de quicio a los separatistas catalanes y, como si de una terapia psicológica se tratase, ponerle frente a frente ante sus contradicciones y ya veremos en que termina.

Y es que esta iniciativa para que varias comarcas de Tarragona (Ta) y Barcelona (Bar), de donde viene el nombre de TABARNIA, donde menos peso tiene el independentismo se separen de Cataluña para crear la nueva comunidad autónoma de Tabarnia, no sólo está siendo un éxito en las redes sociales, que han llegado a recoger hasta el momento más de 100.000 firmas buscando el apoyo del Congreso de los Diputados, sino que los medios de comunicación nacionales e internacionales le están prestado una especial atención.

Lo cierto es que la idea de que una parte de la hipotética República Independiente de Cataluña pueda a su vez independizarse de esa república de “chichinabo”, que al parecer comenzó como un reclamo mediático para visualizar las dos cataluñas existentes, la interior y rural totalmente bajo hipnosis separatista y esa otra de zonas cosmopolitas, abiertas, bilingües y prósperas de Tarragona y Barcelona; tras los resultados de las pasadas Elecciones Autonómicas Catalanas del 21-D está adquiriendo una notoriedad que llega a visos de que cale entre los ciudadanos de estas zonas de Cataluña que rechazan la independencia de España.

Lo que parecía una broma se ha viralizado de tal forma que muchos miles de catalanes no verían a Tabarnia con malos ojos, creo que más bien por las ganas de pagar con la misma moneda a los separatistas que por el deseo de emprender otra aventura separatista, pero como afirmaba recientemente en una entrevista el diputado electo del PP en el Parlamento catalán, Alejandro Fernández, “en 2003, Álava, a través de un proceso que hubiera sido legal, porque la Constitución permite que las provincias puedan constituirse en comunidades autónomas uniprovinciales como Cantabria o La Rioja, impulsó una cosa así. Y yo mismo, en 2013 en Tarragona, cuando el separatismo empezaba a ser un peligro, advertí de que la Diputación podía llegar a separar Tarragona de Cataluña, que existe ese derecho”.

Posible o no, lo cierto es que la sola idea de Tabarnia saca de sus casillas a los separatistas, para ellos un invento excéntrico, pero que de alguna forma emula el inicio de la reciente campaña secesionista, que empezó como una broma y poco a poco fue calando en parte de la sociedad catalana y adquiriendo peso hasta llegar a la grave situación a la que nos ha llevado a los españoles, catalanes incluidos.

Porque la idea de Tabarnia emplea argumentos similares a los que utilizan los separatistas para defender el derecho de Cataluña a separarse de España, y además de sacar las vergüenzas a los separatistas y echar por los suelos los argumentos que esgrimen en su “derecho a decidir”, la bola crece.

No es de extrañar que los nervios hayan comenzado a hacer mella en los separatistas, que no saben cómo parar la idea de Tabarnia, y son muchas las voces independentistas que han criticado que se intenten crear conceptos falsos para tratar de dividir a Cataluña, usando los mismos argumentos que niegan a España para no dar cabida al separatismo catalán o pasar directamente al insulto, como es habitual en el diputado Rufián, que con las pocas “luces” que le caracteriza ha hecho una analogía con un lema franquista: “Tabarnia una, grande y libre”.

De que Tabarnia ha comenzado a preocupar a los separatistas da prueba que hasta Toni Aira, director de comunicación del PDeCat, haya recriminado a los defensores de Tabarnia que de hacerse un referéndum tendría que incluirse a toda Cataluña y no solo una parte, porque es una nación.

El éxito de Tabarnia es que ha conseguido desenmascarar los argumentos de los separatistas, que ahora se ven obligados a defender la unidad de Cataluña con la misma retórica que los que ellos llaman “unionistas”, los partidos que defienden la unidad de España, y ya veremos qué pasa con Tabarnia si, como todo a parece apuntar, el nuevo gobierno separatista sigue erre que erre con el proceso secesionista catalán.

Así, aunque sólo sea por esto, ¡Viva Tabarnia!

F. Márquez

 

¿Dónde estás PP?

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Somos muchos los votantes del PP que nos sentimos estos días huérfanos de opción política a votar. Desde su fundación apostamos siempre por una formación política conservadora, de centro derecha dicen sus Estatutos, basada en el humanismo cristiano y comprometida con los principios básicos de la derecha española.

Pero desde hace unos años, desde que el 2011 obtuviera una irrepetible confianza mayoritaria de los españoles para salir de la desastrosa gestión de los gobiernos de Zapatero, los líderes populares han llevado a este partido a la confusión y por tanto a la decepción de cientos de miles de sus votantes.

Es cierto que gran parte de la culpa del sinsentido en el que se ha convertido hoy el Partido Popular se debe a que obtuvo esa mayoría absoluta en uno de los peores momentos económicos de la historia de España, que le obligó a tener que renunciar a muchas de sus promesas y de sus principios por salvar a España.

“Urge por tanto que el PP tome nota del toque de atención que sus votantes le vamos dando elección tras elección, no queda mucho tiempo, pero es posible recuperar gran parte de lo perdido en estos años de cara a las generales y sobre todo ante unas municipales, donde sus alcaldes en general están haciendo una buena gestión, pero a los que sus votantes pedimos algo más que gestionar, recuperar lo que ha sido el PP.”

Aunque ya muchos no lo recuerden, nuestro país estuvo a nada de ser intervenido y esto hubiese traído consecuencias desastrosas no sólo para la economía española, que también, sino muy especialmente para las capas más desfavorecidas de la población, como los pensionistas.

Los ajustes presupuestarios, el nacimiento del populismo y el descontento social por una prolongada crisis hizo perder al PP su holgada mayoría en las siguientes elecciones y encontrarse otra situación igual de complicada, intentar gobernar esta nación en un proceso de recuperación con las zancadillas constantes de un PSOE a la deriva, un populismo de extrema izquierda destructivo y un partido “pulpo” como Ciudadanos que, sin tener una clara ideología, toca todo aquello que le puede beneficiar electoralmente con la facilidad que otorga hablar desde la oposición, sin la responsabilidad de gobernar.

A pesar de esta realidad no es de recibo que el PP, de siempre garantía de la unidad nacional de España, haya titubeado tanto en el “golpe de estado” de los secesionistas catalanes, haya dejado sufrir en demasía la opresión que han padecido los catalanes no nacionalistas durante estos años y por tanto haber trasmitido malas sensaciones a sus votantes de derechas.

Somos muchos los que seguimos sin comprender como el PP no ha hecho sus deberes como partido netamente conservador para defender a capa y espada, sin miedos ni complejos, la igualdad de los españoles en todo el territorio nacional y las consecuencias son evidentes entre su electorado, perplejidad, rabia y desilusión.

Me parece increíble que las mentes pensantes de Génova 13, que son muchas y muy buenas, no hayan valorado que la deriva del Partido Popular en sus principios más básicos y fundamentales cause estragos entre sus votantes y simpatizantes, también entre sus militantes, muchos ellos dándose de baja.

Esta situación ha hecho que cientos de miles de votantes populares nos hayamos quedado huérfanos de formación política a la que votar en las próximas elecciones municipales y generales. Porque aunque sus enemigos digan todo lo contrario, todos sabemos que Ciudadanos no es un partido conservador sino más bien de centro izquierda, y por tanto alejado de los principios del conservadurismo, y los partidos que surgen a la derecha del PP no consiguen la confianza de la mayoría de votantes populares, que ya en las últimas elecciones engrosaron las filas de la abstención.

Urge por tanto que el PP tome nota del toque de atención que sus votantes le vamos dando elección tras elección, no queda mucho tiempo, pero es posible recuperar gran parte de lo perdido en estos años de cara a las generales y sobre todo ante unas municipales, donde sus alcaldes en general están haciendo una buena gestión, pero a los que sus votantes pedimos algo más que gestionar, recuperar lo que ha sido el PP.

F. Márquez

 

Jerusalén ni judío ni palestino, es español.

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El fallecido líder palestino Yaser Arafat se refería al rey emérito, Juan Carlos I, como “nuestro querido Rey”. El presidente de Israel, Simón Peres (sefardí), cada vez que se encontraba con el padre de Felipe VI, actual monarca español, le nombraba con toda solemnidad y afecto como el “monarca de los Santos Lugares”. La monarquía hispánica ostenta entre sus títulos el de reyes de la Ciudad Santa, Jerusalén; por eso, al abdicar Juan Carlos I en el joven Felipe VI, éste heredó en su discreta ceremonia de coronación el título de rey de la disputada por todo el mundo, ciudad de Jerusalén.

Si fuera tan sencillo como afirmar que Jerusalén es español, ni judío ni palestino, gracias a una tradición histórica que se remonta a un reino desaparecido en el siglo XIII, los informativos mundiales no estarían dando cobertura a la preocupación grave por la decisión del presidente Trump de declarar en exclusiva capital de Israel a la Ciudad Santa. Sin embargo, no hay que menospreciar un dato que ya sirvió una vez para calmar los siempre tensos ánimos entre palestinos y judíos; me refiero a las negociaciones de paz de israelís y palestinos celebradas en Madrid en 1991. Los negociadores de cada parte resaltaron ese dato histórico, el estar en Madrid auspiciados por un anfitrión al que ambos consideraban “su rey”, para conseguir un clima menos crispado y propiciar el diálogo.

“Sería una galante iniciativa que el rey de España, Felipe VI, invitase a las partes en conflicto, judíos y palestinos, al monasterio de El Escorial para que bajo las estatuas del rey David y su hijo Salomón, se iniciasen unas nuevas negociaciones de concordia. Además, el monarca representaría al elemento cristiano que también debería ser oído en este conflicto y que está siendo olvidado.”

Mucho ha llovido desde esas negociaciones que abrieron periodos de esperanza en un conflicto que de ser algo con seguridad es que es eterno, bíblico y trascendental si nos ponemos grandilocuentes. Los avances en una convivencia con la solución refrendada por la mayoría internacional de “los dos Estados”, han sido mínimos. En Palestina la intransigencia de Hamas y en Israel la intolerancia de cualquier fuerza política en el poder, da igual el signo ideológico, han supuesto el verdadero muro que imposibilita el cumplimiento de las resoluciones de la ONU. La clara preferencia y aval estadounidense por Israel, desde la fundación del Estado en 1948, hace descompensar la balanza de influencias mundiales hacia el lado israelita. Un lógico apoyo, desde la perspectiva histórica, porque la comunidad judía del “Éxodo” contribuyó de manera esencial en la construcción como potencia del Estados Unidos contemporáneo.

Felipe VI, rey de España y de Jerusalén

Sería una galante iniciativa que el rey de España, Felipe VI, invitase a las partes en conflicto, judíos y palestinos, al monasterio de El Escorial para que bajo las estatuas del rey David y su hijo Salomón, se iniciasen unas nuevas negociaciones de concordia. Además, el monarca representaría al elemento cristiano que también debería ser oído en este conflicto y que está siendo olvidado. Los herederos de los reinos cristianos que en 1095 iniciaron la Primera Cruzada promovida por el Papa Urbano II, conquistando la ciudad de Jerusalén y poniendo las bases de un reino cristiano en Tierra Santa, son ahora los miembros destacados de la Unión Europea (UE). La postura europea es contraria a la iniciativa estadounidense y defienden la vía de los dos Estados y de compartir la capitalidad. Es curioso, pero los escrúpulos religiosos sobre la Ciudad Santa y su capitalidad nacen en época del dominio cristiano.

El conquistador cristiano de Jerusalén en el 1099, Godofredo de Buillón, Duque de Lorena, tuvo reparos para coronarse rey de la ciudad. Consideraba que un hombre no debía ni podía coronarse con una corona de oro en un lugar donde Cristo había llevado una corona de espinas. Desde la misma toma de Jerusalén no se supo cómo administrarla. Eran muchos, incluido Godofredo, los que pensaban en convertir ese dominio carismático en una teocracia, gobernada en la distancia por el Papa y administrada por los cruzados. Aunque al morir pronto su conquistador, en el año 1100, con el único título de “Protector” que él mismo se había otorgado, su hermano Balduino heredó la conquista con muchos menos prejuicios. Se hizo coronar como rey secular de Jerusalén con el nombre de Balduino I. No obstante, el delegado papal en Tierra Santa, Dagoberto de Pisa, partidario de que el nuevo reino pasara a su jefe de Roma, se negó a coronarlo en la mítica Jerusalén y lo hizo en la vecina y también conquistada ciudad de Belén.

El reino se extendió de norte a sur y de este a oeste, siempre frenado por los rivales musulmanes, siendo más o menos lo que sería hoy el Líbano, Palestina e Israel juntos. Duró poco menos de dos siglos (1291 toma de Acre por el sultán Khalil), repleta su historia de un devenir de problemas sucesorios y dinásticos que dieron con una carambola que ligó al título de rey de Jerusalén con la Corona de España. Jerusalén en menos de un siglo (1187) había vuelto a manos musulmanas gracias al poderoso Saladino, la capital del hostigado reino pasó a San Juan de Acre. Un breve período en el siglo XIII se consiguió en la enésima cruzada que la ciudad santa volviera a ser cristiana, pero esa inestabilidad era lo que hacía una carga más que un honor el ostentar el título de rey de Jerusalén.

Eso consideró María de Aquitania cuando en 1277 vendió su título de reina de Jerusalén al rey de Nápoles, Carlos de Anjou. Era un cargo de prestigio, pues ningún rey cristiano volvió a pisar Jerusalén en siglos. Se otorgaba con el añadido del compromiso de recuperar esas tierras santas para la cristiandad. Al tomar el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, Nápoles para la Corona de España (Fernando el Católico) en 1504, el título de Rey de Jerusalén se sumó a los de la corona española. Gracias al protagonismo de la monarquía hispánica en ese siglo y el siguiente, con las acciones de Felipe II en defensa de la ortodoxia católica (victoria de Lepanto contra “el Turco”), el prestigio del título se revalorizó. En el caso de Felipe II así se demuestra con orgullo, cuando en su estimada obra arquitectónica para la posteridad, el monasterio palacio de El Escorial, la cruz de Jerusalén aparece en medallones de piedra y cuenta con las estatuas de los míticos reyes David y Salomón presidiendo la entrada principal.

Aunque las posesiones italianas se perdiesen en el siglo XVIII, la diplomacia dinástica de los Borbones españoles emparentados con los Austria logró mantener el título por una cuestión de prestigio. Incluso, la hoy debatida Constitución española de 1978 reconoce en su Título II ‘De la Corona’, que el rey de España podrá hacer el uso que considere oportuno de todos los títulos adscritos a la corona española. Así pues, como el rey Juan Carlos abdicó de todos sus títulos, Felipe VI es rey de Jerusalén desde junio de 2014.

Por Gustavo Adolfo Ordoño, periodista digital, redactor contenidos de IkonoMedia.